La histórica empresa familiar de Pistoia iniciará la producción en el Reino Unido en 2027. El presidente Massimo Carrara: «También estamos analizando oportunidades en Francia y España». El compromiso de la compañía con la sostenibilidad, tanto en sus centros productivos como en el territorio.
Por VALERIANO MUSIU
Una parte del distrito papelero italiano se expande hacia el Reino Unido. El anuncio llega de la mano de Massimo Carrara, presidente de Cartiere Carrara: «A principios de este año adquirimos una fábrica de papel en el Reino Unido. Según nuestro calendario, está previsto que la producción comience en el primer trimestre de 2027, complementando así las actividades comerciales que ya tenemos consolidadas en el país».
Se trata de la primera de una serie de posibles inversiones —«también estamos analizando oportunidades en Francia y España», afirma Carrara— que contribuirán a la expansión internacional de uno de los principales fabricantes europeos de papel tisú, destinado a la producción de papel higiénico, servilletas, pañuelos, rollos de cocina y otras aplicaciones.
La historia de la empresa puede dividirse en tres etapas bien diferenciadas: el inicio de la actividad en 1873, con la producción de papel de paja; la posterior expansión y venta, en 2002, a la multinacional sueca Svenska Cellulosa Aktiebolaget (SCA); y, finalmente, tres años después, su renacimiento, cuando Massimo Carrara, junto con sus hermanos Marco y Maurizio, decidió volver a empezar desde una pequeña fábrica de papel que había permanecido en manos de la familia.
Veinte años después, el presidente de Cartiere Carrara considera que aquella apuesta ha dado sus frutos: «Antes de la venta éramos el cuarto mayor productor europeo de papel tisú; hoy ocupamos la sexta posición. En dos décadas hemos recuperado nuestro lugar en un mercado altamente competitivo», explica.
En 2025, Cartiere Carrara registró unos ingresos consolidados de 465 millones de euros y exporta el 45 % de su producción a más de 50 países.
Sin embargo, los desafíos son considerables: desde la fuerte competencia internacional —especialmente la procedente de Turquía— hasta las nuevas normativas europeas y los elevados costes.
«El precio de la energía en Italia nos sitúa en una posición de desventaja respecto a otros operadores europeos. Y —continúa Carrara— la propuesta de revisión del ETS, el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea, es totalmente inadecuada. Actualmente, el coste del ETS que soportamos sobre los productos semielaborados que fabricamos equivale al 3,5 % de nuestros ingresos. Sin una reforma seria, el sistema corre el riesgo de volverse insostenible».
Para hacer frente a todos estos retos existe una palanca fundamental: la sostenibilidad.
Es una estrategia que Cartiere Carrara, participante del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, ha seguido desde sus inicios.
«Es un camino que hemos construido paso a paso, pero también ha sido una cuestión de supervivencia: cuando se producen productos básicos en un mercado competitivo, la sostenibilidad es la única manera de optimizar los costes. Cada recurso que conseguimos ahorrar gracias a la sostenibilidad supone también un ahorro para nuestra empresa».
Este enfoque de la sostenibilidad está integrado en todo el proceso productivo.
«Probablemente somos la empresa del sector tisú con el menor consumo de agua. También fuimos de los primeros en invertir en cogeneración, lo que nos permite generar entre el 90 % y el 95 % de la electricidad que consumimos. Próximamente alcanzaremos los diez megavatios de capacidad fotovoltaica, que cubrirán todo el consumo eléctrico de nuestras plantas de converting, donde se transforma el producto».
Otro factor fundamental es la materia prima.
«Actualmente, la fibra reciclada representa alrededor del 8 % de nuestra producción. Pero nuestro enfoque de la sostenibilidad también se extiende a las fibras vírgenes: toda la celulosa que utilizamos está certificada conforme a los estándares PEFC y FSC, que garantizan una gestión forestal responsable».
En 2020, la empresa puso en marcha también dos proyectos de reforestación en zonas próximas a sus centros productivos: una forma de devolver algo al territorio de Lucca, donde Cartiere Carrara desarrolla su actividad desde hace muchos años.
Massimo Carrara resume así la filosofía de la compañía: «Una cosa es fabricar un producto sostenible; otra es garantizar que también se produzca de manera sostenible».
El mismo principio se aplica a la innovación tecnológica, respaldada por una planta piloto.
«En aquel momento fue una inversión que casi superaba nuestras posibilidades, pero resultó ser una decisión acertada: nos permite realizar un gran número de pruebas y mejorar continuamente las prestaciones de nuestros productos».
Y es precisamente este compromiso el que Carrara espera transmitir a las futuras generaciones:
«De mis hijos a mis nietos, espero que la misión siga siendo la misma: continuar mejorando la calidad de lo que ofrecemos».